De paso

Las persistentes notas de su música
inundaban de serena harmonía
aquel templo consagrado a la fugacidad,
convirtiendo ese árido territorio de nadie
en una efímera catedral de la belleza.
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Las persistentes notas de su música
inundaban de serena harmonía
aquel templo consagrado a la fugacidad,
convirtiendo ese árido territorio de nadie
en una efímera catedral de la belleza.